Gracias a
naddia por bucear en Internet y dar con una de esas historias que, de vez en cuando, salen a la luz. Su post es un hecho irrefutable de que los chupasangres, las sanguijuelas más apestosas y los buitres más carroñeros aún merodean por nuestros sueños, acaparándolos sin piedad y exprimiendo hasta nuestra última gota de plasma.
Estas mierdas me rebotan sobremanera, algo así como cuando le interrumpan el suculento desayuno a Jules en 'Pulp Fiction' con la excusa de robarle el maletín con oro, cuando alguien le dice lo que tiene que hacer a Vincent Vega gritándole y de malas maneras, cuando nos olvidamos del pequeño reloj de Butch ó cuando le rompen el culo a Marcelus.
Historias como estas hacen pensar a uno en la justicia personalizada, en el ojo-por-ojo, en mandar a tomar por saco las reglas establecidas por nuestra Sociedad, en (como indica Mel) emular bellas deflagraciones de Napalm en objetivos concretos, etc. Pero nos han enseñado (ó lo intentan) que tenemos que ser los más guapos, los más altos, los más ricos, los que mejor follemos, los más insensibles, los más cabrones; nos meten entre ceja y ceja que el sudor de nuestro trabajo sembrará la semilla que en unos años recogeremos, nos enseñan a renunciar a nuestros sueños por un "mañana mejor", aunque en su empeño nos quedemos en el camino ...
Y por supuesto, desgraciadamente nos enseñan a ser tan súmamente hipócritas para poder olvidar estos temas en un escaso y raúdo espacio de tiempo (¿ó quizá nacemos ya con este don?).