Hotel Pt. II: The Decay
Queridos tertulianos y tertulianas, hacia tiempo que no prestaba mi pluma y verso a este tan magno lugar, pero los últimos días se han sucedido una serie de acontecimientos que me obligan muy seriamente a replantearme el concepto de “dolor”.
No es el dolor que sienta yo, sino el que podría sentir si algún día un individuo amigo de los bisturís y las motosierras, decide hacer uso de mi borrachera para, entre otras cosas, impedirme andar, o hacer que mi mano parezca la de una Tortuga Ninja.
Si, sé que esto ocurriría, y ocurrió el pasado domingo.
He visto HOSTEL
Acudimos al cine mi compinche Graham y un servidor para poder dar fe de que ésta no era mas que otra de esas películas pseudo-gore comercial de poca monta. Acompañados de palomitas y coca cola, nos acomodamos en los sillones con una actitud de escepticismo que sintonizaba con el resto del público de la sala. Me temo que por razones distintas, porque cierto es que, mientras muchos de ellos pensaban que iban a ver a Uma Thurman dando sablazos a chinos pirados, nosotros sabíamos que iba a haber sangre de la bonita buena, y algún que otro tendón colgando...
En efecto, los jóvenes púberes que nos acompañaban daban buena cuenta de su bowl de palomitas, impactados por la calidad femenina de la película. Los que iban con pareja miraban con escepticismo a la pantalla mientras susurraban al oído de su chica los clásicos “no les tienes nada que envidiar” o “pues a mi no me termina de convencer, tiene demasiada nariz”. Decir eso mientras dos alegres muchachas, (a saber de medidas 120-60-90, de caras poco santa, y actitud desenfadada), sin ponerte colorado ni nada requiere, o de mucha sangre fría, o de mucho amor.
Los que íbamos en manada, pues eso, nos dimos al gozo y regocijo, y hasta por algún momento se nos olvidó la que se avecinaba.
Efectivamente, a los 35 minutos de película el ambiente se tornó tenso, se aceleraros las respiraciones y las caras empezaron a tomar una tonalidad rara, entre el gris y el verde pistacho (verdad Will?). Comenzaron a sucederse escenas de violencia explícita nada desdeñables, de hecho, la primera me dejó a mí un mal estómago que a día de hoy aún me dura.
Como es obvio, no voy a contaros la película, pero sí os animo a que la veáis. En mi opinión, ha estado a la altura de las expectativas, y como le dije ayer a Bluesman “después de haber visto tanta mierda, no me puedo creer que una escena comercial me haya dejado baldado para toda la semana”.
Puedo decir que no hace falta utilizar mucha sangre de cerdo para hacerte sentir dolor en cada parte del cuerpo por el que rueda el bisturí.
Besitos
Tremonti no hay más que uno
No es el dolor que sienta yo, sino el que podría sentir si algún día un individuo amigo de los bisturís y las motosierras, decide hacer uso de mi borrachera para, entre otras cosas, impedirme andar, o hacer que mi mano parezca la de una Tortuga Ninja.
Si, sé que esto ocurriría, y ocurrió el pasado domingo.
He visto HOSTEL
Acudimos al cine mi compinche Graham y un servidor para poder dar fe de que ésta no era mas que otra de esas películas pseudo-gore comercial de poca monta. Acompañados de palomitas y coca cola, nos acomodamos en los sillones con una actitud de escepticismo que sintonizaba con el resto del público de la sala. Me temo que por razones distintas, porque cierto es que, mientras muchos de ellos pensaban que iban a ver a Uma Thurman dando sablazos a chinos pirados, nosotros sabíamos que iba a haber sangre de la bonita buena, y algún que otro tendón colgando...
En efecto, los jóvenes púberes que nos acompañaban daban buena cuenta de su bowl de palomitas, impactados por la calidad femenina de la película. Los que iban con pareja miraban con escepticismo a la pantalla mientras susurraban al oído de su chica los clásicos “no les tienes nada que envidiar” o “pues a mi no me termina de convencer, tiene demasiada nariz”. Decir eso mientras dos alegres muchachas, (a saber de medidas 120-60-90, de caras poco santa, y actitud desenfadada), sin ponerte colorado ni nada requiere, o de mucha sangre fría, o de mucho amor.
Los que íbamos en manada, pues eso, nos dimos al gozo y regocijo, y hasta por algún momento se nos olvidó la que se avecinaba.
Efectivamente, a los 35 minutos de película el ambiente se tornó tenso, se aceleraros las respiraciones y las caras empezaron a tomar una tonalidad rara, entre el gris y el verde pistacho (verdad Will?). Comenzaron a sucederse escenas de violencia explícita nada desdeñables, de hecho, la primera me dejó a mí un mal estómago que a día de hoy aún me dura.
Como es obvio, no voy a contaros la película, pero sí os animo a que la veáis. En mi opinión, ha estado a la altura de las expectativas, y como le dije ayer a Bluesman “después de haber visto tanta mierda, no me puedo creer que una escena comercial me haya dejado baldado para toda la semana”.
Puedo decir que no hace falta utilizar mucha sangre de cerdo para hacerte sentir dolor en cada parte del cuerpo por el que rueda el bisturí.
Besitos
Tremonti no hay más que uno
