Al emitir el sonido del descanso en la silla, tras un día lluvioso, 'Little Charles & The nightcats' suenan en la venerable minicadena con capacidad de 5 CDs.
Y al cerrar los ojos se siente el sonido rítmico del bajo y la batería educada mientras la guitarra es follada lentamente. La voz, negra, da un minuto de respiro al mástil ansioso, mientras se entremezclan en un dueto apasionado y contestón.
Cuando la voz muere, la ultrajada vuelve a hacer acto de presencia, gimiendo a cada golpe de plectro. Aullando en su parte más estrecha y con sonidos guturales en la amplitud. Repeticiones armónicas e imaginación en forma de escalas.
12 minutos y 35 segundos de duración. Algo más de lo recomendado para un buen polvo, según los últimos estudios. Y las yemas se dejan llevar mientras un gemido, más agudo que el resto, retumba en las paredes de este santuario.
Se otean dos guitarras, o quizá solo sea una. Y la suavidad desaparece mientras las baquetas agravan la situación. Y en un momento, unos gritos de ánimo resuenan al fondo de la sala. Golpecitos contra el mástil, como leves cachetes en los suyos o mordisquitos en sus muslos. Las notas van desfilando como ofensas aceptadas.
Y la improvisación, sin esconderse, hace recordar que lo que se escucha tiene raíces en las miserias más profundas de nuestros tuétanos. En todo aquello que nos hace quedarnos en casa. O no salir de la cama. Y el público vuelve a gritar mientras el cantante parafrasea.
Dando un segundo respiro a la guitarra, una armónica, una bendita armónica, anuncia la llegada de su turno. Melódicamente, dejando que el aire discurra por las finas aberturas de metal, lanzando rimas y finales que no dejan indiferente. 'Woa, Woa, Woaaaa' es su carta de presentación, mientras apura la última calada de sus pulmones.
Y es que esto, en su conjunto, hace que uno se sienta vivo y no pierda la esperanza acerca de tantas y tantas cosas. Un golpe de batería, una frase del cantante y la armónica desaparece sin hacer ruido, como aquellos suicidas nobles y honrados.
Se repite el tono y la tónica de mitad del tema para dejar paso a la voz grave del cantante mientras el bajo anuncia el final; el cantante repite su frase, el anterior instrumento se enerva, el público aguanta la respiración y la frase aguda deja paso al final verdadero ... con aplausos del respetable al presenciar tamaña actuación.
La guitarra, tras intensos minutos, puede descansar.
...
Y alguien, en algún lugar, definió al 'Blues' como 'tristezas'. Not today :).